Me gusta ser policía, ponerme mi traje negro como un verdadero detective, no como andan esos agentes judiciales. Uso mis lentes de sol, mi pistola y mi celular. Las muchachas de las oficinas que vigilo me dicen que soy el agente más elegante y más guapo que han visto.
Todos los días trabajo. Todos me dicen señor y me regalan coca-colas, hasta diez en un día.
Me encargan asuntos para investigar. Me dicen “Toño, reporta a los malosos que encuentres en las oficinas de gobierno”. Y allí estoy, viendo la facha de los que entran a los edificios que cuido, y con mi celular reporto a mis jefes las personas que me parecen sospechosas.
Dicen que soy el agente estrella. Los compañeros me dieron una medalla por mi valor y aseguran que pronto me van a ascender, pero que para eso necesito entregar reportes más completos, descubrir una red de maleantes y tener dos o tres chivatones que me pasen información.
A veces subo en las camionetas con los agentes que van a una comisión. Ellos me dicen “Toño, quédate en la retaguardia y reporta si alguno de los sospechosos que vamos a detener sale corriendo y se da a la fuga”. Mientras espero, oigo por la radio los reportes de la central.
Tengo amigos de lo mejor, abogados y diputados. Cuando se juntan los diputados en su edificio voy a saludarlos. Sus guaruras ya me conocen. Un diputado me dijo que si quería llegar a ser diputado como él, tenía que entrar a su partido. Pero yo veo que se pelean los de un partido con otro y le dije que no quería ser diputado porque entonces no me van a querer los de los otros partidos. Les digo que quiero seguir siendo policía y luego llegar a ser detective, como esos que vi en una película.
A los abogados los veo todos los días; a todos los saludo, son mis amigos. Todos me quieren. En mi trabajo me siento a gusto, no como en mi barrio, donde los escuincles me molestan, me manchan el traje y me quitan mis cosas.
Algún día voy a ser jefe de grupo para que me den una camioneta y tener ayudantes. Entonces tendré mi casa propia, nada más que cuando pagan me dicen mis compañeros “Toño, fórmate en la fila, a lo mejor te llega tu sobre con todo el retroactivo”, y dicen que cuando me llegue tengo que invitarles una comida a todos. Yo les digo que no, porque necesito ese dinero para comprarme más equipo. Me formo y me dice el que paga “Toño, no te llegó tu sobre, tal vez la próxima quincena”. Pero nunca llega.
Ya fui a hablar con mis jefes. Me dicen que todavía no autorizan mi plaza, pero que va bien el trámite. Espero que sea pronto, ya que necesito otro traje y mi mamá me dice que necesito llevar dinero a la casa, que no me va a mantener toda la vida.
Tomás Espinosa
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