miércoles, 4 de agosto de 2010

Toño el policía

Me gusta ser policía, ponerme mi traje negro como un verdadero detective, no como andan esos agentes judiciales. Uso mis lentes de sol, mi pistola y mi celular. Las muchachas de las oficinas que vigilo me dicen que soy el agente más elegante y más guapo que han visto.

Todos los días trabajo. Todos me dicen señor y me regalan coca-colas, hasta diez en un día.

Me encargan asuntos para investigar. Me dicen “Toño, reporta a los malosos que encuentres en las oficinas de gobierno”. Y allí estoy, viendo la facha de los que entran a los edificios que cuido, y con mi celular reporto a mis jefes las personas que me parecen sospechosas.

Dicen que soy el agente estrella. Los compañeros me dieron una medalla por mi valor y aseguran que pronto me van a ascender, pero que para eso necesito entregar reportes más completos, descubrir una red de maleantes y tener dos o tres chivatones que me pasen información.

A veces subo en las camionetas con los agentes que van a una comisión. Ellos me dicen “Toño, quédate en la retaguardia y reporta si alguno de los sospechosos que vamos a detener sale corriendo y se da a la fuga”. Mientras espero, oigo por la radio los reportes de la central.

Tengo amigos de lo mejor, abogados y diputados. Cuando se juntan los diputados en su edificio voy a saludarlos. Sus guaruras ya me conocen. Un diputado me dijo que si quería llegar a ser diputado como él, tenía que entrar a su partido. Pero yo veo que se pelean los de un partido con otro y le dije que no quería ser diputado porque entonces no me van a querer los de los otros partidos. Les digo que quiero seguir siendo policía y luego llegar a ser detective, como esos que vi en una película.

A los abogados los veo todos los días; a todos los saludo, son mis amigos. Todos me quieren. En mi trabajo me siento a gusto, no como en mi barrio, donde los escuincles me molestan, me manchan el traje y me quitan mis cosas.

Algún día voy a ser jefe de grupo para que me den una camioneta y tener ayudantes. Entonces tendré mi casa propia, nada más que cuando pagan me dicen mis compañeros “Toño, fórmate en la fila, a lo mejor te llega tu sobre con todo el retroactivo”, y dicen que cuando me llegue tengo que invitarles una comida a todos. Yo les digo que no, porque necesito ese dinero para comprarme más equipo. Me formo y me dice el que paga “Toño, no te llegó tu sobre, tal vez la próxima quincena”. Pero nunca llega.

Ya fui a hablar con mis jefes. Me dicen que todavía no autorizan mi plaza, pero que va bien el trámite. Espero que sea pronto, ya que necesito otro traje y mi mamá me dice que necesito llevar dinero a la casa, que no me va a mantener toda la vida.



Tomás Espinosa

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