…que dizque trabaje, que debo trabajar como la gente de bien, como si trabajar fuera la gran chingada; nomás afigúrate cómo será de bueno el pinche trabajo que pa’ vida de que lo hagas te tienen que pagar. No, no, conmigo no va ese jale. Cuando mi hermana se pone pesada con su machetito de palo de que: “Ora Chago, ya llegaste a mayor y no tienes ninguna derecera ni compostura; ya es hora de que cambies y dejes ese vicio cochino de la tomadera. Báñate, ponte ropa limpia y búscate un buen trabajo, agénciate una mujer que te dé hijos que vean por tu futuro, ya es hora de que pienses en la vejez”. Fíjate nomás, dizque mi hermana pensando en la vejez; no, no, de ninguna manera, yo no tengo por qué andarme preocupando por lo que no pienso vivir. Porque sabes qué, yo no pienso llegar a la vejez. A mí para nada me preocupa eso. Yo me ocupo del hoy, no del mañana, y mucho menos del pasado mañana. Y cuando escucho que ella quiere empezar otra vez con su sarta de regaños, le digo: Hey, hey, para tu carreta, que no estoy para sermones, que esos ni a mi hermano el cura se los aguanto, y con todo que para eso estudió. ¿Sabes qué hago, compa? Nomás agarro mis tilangas y ahí los vidrios hermanita amargada. ¿Y cómo no va a estar amargada, si no tiene jinete que la apacigüe? Nomás da el consejo y se queda sin él. Dizque búscate una vieja. Total, yo me digo: “ahueca el ala palomo y a volar a otros cielos”, que para eso tienes a tu hermano cura. Nomás pienso en él y luego-luego me acuerdo del vino que hay en la vitrina de la sacristía. Y ahí te voy hermanito, que ahora te toca a ti. Porque como te digo compa, eso de trabajar no va conmigo. Dizque trabajar, sí cómo no, pa’l trabajo los güeyes. Porque yo digo como decía mi primo Jacinto: “Si por comer me suda el cu…erpo, ingue a su madrina, mejor no como”. Que yo con mi hermana solterona y mi hermano cura tengo. Jodidos otros que no tienen a quien… visitar. “Que hay que trabajar, que piensa en el mañana, que en la familia, que preocúpate por la vejez”. Sí, cómo no. No compa, yo no me preocupo por nada de eso, porque ellos lo único que han sacado con tanto trabajo son puras enfermedades, que la presión, que el colesterol, que la depresión, que la jaqueca… y no sé cuántas más. En cambio mírame a mí, sanito por fuera y por dentro. A mí no me duele nada, pero eso sí, yo no trabajo ni me preocupo por nada… Ah, pero también quiero decirte una cosa, que yo estoy prevenido para cuando llegue la flaca, porque no quiero que nomás llegue y diga: “¡Vengo por ti y ahorita mismo nos vamos!” No, compa, nada de eso, que todos los condenados tenemos nuestros derechos. ¿Sabías que los condenados tienen derecho a un último deseo? Y mi último deseo es que no me agarre dormido y cargue así nomás conmigo, como si fuera bulto de basura; nada de eso, a mí que me deje despedirme, porque eso de que te vayas sin decir nada es de mala educación, y yo seré borrachito y todo lo que quieras, pero lo cortés no quita lo valiente. A mí nomás que me deje decir: “¡Ay te quedas mundo viejo, que con este gallo nomás no pudiste…!”
MG Fuentes
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