Mariana OCHOA ANGUIANO - Diario de Colima
En el Centro Cultural “Alfonso Mexiac”, se llevó a cabo, dentro de la Jornada Literaria Doble, la lectura de varios poemas y cuentos, de los libros titulados Trabajos del mar y Relatos de la Concordia, coordinados por el escritor colimense Jorge Vega y el poeta Víctor Manuel Cárdenas, respectivamente, en voz de algunos escritores jóvenes invitados, como Krishna Naranjo, Álvaro Liñan, Óscar René Robles, Claudia Moreno, Francisco Solorio y Gabriel Govea.
Los intelectuales se dieron cita a las 8 y media de la noche, para recitar elaborados versos y conmovedoras prosas que cautivaron a decenas de colimenses ahí presentes.
Por mencionar a algunos de los poemas leídos son: Desecha la piedra, Caracol, Invierno, Instante, Non petit, Cuando no la veo, Nervio luz, entre otros. Además de los cuentos El hombre de cristal, Un hombre respetable y Vuelo nocturno.
En la presentación de las antologías participaron los propios coordinadores de los talleres junto con el cuentista Rubén Martínez González y la escritora Guillermina Cuevas Peña, quienes emitieron opiniones acerca de la jovial escritura colimense y el contenido de los libros que dieron forma a la Jornada Literaria Doble.
Algunos de los participantes de estas obras son: Claudia Moreno Olmos, Heidi Juárez, Armando Martínez Orozco, Óscar Robles, Diana Selene Peña, Francisco Salinas, Ignacio Ramírez Roque, entre otros.
La jornada comenzó el jueves 29 y concluyó ayer viernes 30 de julio, a las 8 y media de la noche.
http://www.diariodecolima.com/newpage/hemeroteca/noticias.php?no=10
Taller de Narrativa con Jorge Vega
lunes, 6 de septiembre de 2010
jueves, 5 de agosto de 2010
Taller de Narrativa
Hace más de dos años, con el patrocino de la Secretaría de Cultura, un grupo de alrededor de diez personas nos hemos venido reuniendo todos los martes, de siete de la tarde a nueve de la noche, para hablar de literatura, de la creación, y para escribir cuentos, relatos, crónicas, y hasta borradores de novela.
Lo que encontrarán en este blog es la selección de los mejores trabajos realizados en el taller.
http://tallerdejorgevega.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Una noche de blues
En una noche de insomnio escucho música blues.
Sus acordes me transportan a los pueblos de Carolina del Sur. Allí, en lo que era una vieja bodega, hoy suena música de blues y jazz que atrae una gran concurrencia, en su mayoría de negros.
Música madre de ritmos, el blues es sufrimiento, protesta; contiene todo el coraje de los afro americanos, que fueron obligados a trabajar como esclavos en las plantaciones de algodón.
Vuela mi mente por nubes de tabaco y bailo con una negra voluptuosa. Magreo sus pechos y me embriago con música, alcohol y los aromas de su sexo. En medio del bullicio de ese lugar siento que late mi ser. Soy todos ellos y soy yo mismo.
Las luces iluminan débilmente el viejo galerón. Los músicos dejan su alma y vida en cada actuación. Se huele en el ambiente el placer, el miedo, la ansiedad, el alcohol.
Quiero bailar hasta el amanecer y llenar mis sentidos de blues. Después me iré por los campos de algodón y tabaco a un hotelucho a las afueras de Charlotte, y allí con la negra Mollee, a quien la luz del día no desprecia, gozaré del placer que ella me sabe dar y volcaré mi esperma en su vientre.
La mente regresará luego de su viaje haciéndole señas obscenas al insomnio, y cansada por los excesos dormirá escuchando un blues hasta bien entrado el día.
Tomás Espinosa
Sus acordes me transportan a los pueblos de Carolina del Sur. Allí, en lo que era una vieja bodega, hoy suena música de blues y jazz que atrae una gran concurrencia, en su mayoría de negros.
Música madre de ritmos, el blues es sufrimiento, protesta; contiene todo el coraje de los afro americanos, que fueron obligados a trabajar como esclavos en las plantaciones de algodón.
Vuela mi mente por nubes de tabaco y bailo con una negra voluptuosa. Magreo sus pechos y me embriago con música, alcohol y los aromas de su sexo. En medio del bullicio de ese lugar siento que late mi ser. Soy todos ellos y soy yo mismo.
Las luces iluminan débilmente el viejo galerón. Los músicos dejan su alma y vida en cada actuación. Se huele en el ambiente el placer, el miedo, la ansiedad, el alcohol.
Quiero bailar hasta el amanecer y llenar mis sentidos de blues. Después me iré por los campos de algodón y tabaco a un hotelucho a las afueras de Charlotte, y allí con la negra Mollee, a quien la luz del día no desprecia, gozaré del placer que ella me sabe dar y volcaré mi esperma en su vientre.
La mente regresará luego de su viaje haciéndole señas obscenas al insomnio, y cansada por los excesos dormirá escuchando un blues hasta bien entrado el día.
Tomás Espinosa
Toño el policía
Me gusta ser policía, ponerme mi traje negro como un verdadero detective, no como andan esos agentes judiciales. Uso mis lentes de sol, mi pistola y mi celular. Las muchachas de las oficinas que vigilo me dicen que soy el agente más elegante y más guapo que han visto.
Todos los días trabajo. Todos me dicen señor y me regalan coca-colas, hasta diez en un día.
Me encargan asuntos para investigar. Me dicen “Toño, reporta a los malosos que encuentres en las oficinas de gobierno”. Y allí estoy, viendo la facha de los que entran a los edificios que cuido, y con mi celular reporto a mis jefes las personas que me parecen sospechosas.
Dicen que soy el agente estrella. Los compañeros me dieron una medalla por mi valor y aseguran que pronto me van a ascender, pero que para eso necesito entregar reportes más completos, descubrir una red de maleantes y tener dos o tres chivatones que me pasen información.
A veces subo en las camionetas con los agentes que van a una comisión. Ellos me dicen “Toño, quédate en la retaguardia y reporta si alguno de los sospechosos que vamos a detener sale corriendo y se da a la fuga”. Mientras espero, oigo por la radio los reportes de la central.
Tengo amigos de lo mejor, abogados y diputados. Cuando se juntan los diputados en su edificio voy a saludarlos. Sus guaruras ya me conocen. Un diputado me dijo que si quería llegar a ser diputado como él, tenía que entrar a su partido. Pero yo veo que se pelean los de un partido con otro y le dije que no quería ser diputado porque entonces no me van a querer los de los otros partidos. Les digo que quiero seguir siendo policía y luego llegar a ser detective, como esos que vi en una película.
A los abogados los veo todos los días; a todos los saludo, son mis amigos. Todos me quieren. En mi trabajo me siento a gusto, no como en mi barrio, donde los escuincles me molestan, me manchan el traje y me quitan mis cosas.
Algún día voy a ser jefe de grupo para que me den una camioneta y tener ayudantes. Entonces tendré mi casa propia, nada más que cuando pagan me dicen mis compañeros “Toño, fórmate en la fila, a lo mejor te llega tu sobre con todo el retroactivo”, y dicen que cuando me llegue tengo que invitarles una comida a todos. Yo les digo que no, porque necesito ese dinero para comprarme más equipo. Me formo y me dice el que paga “Toño, no te llegó tu sobre, tal vez la próxima quincena”. Pero nunca llega.
Ya fui a hablar con mis jefes. Me dicen que todavía no autorizan mi plaza, pero que va bien el trámite. Espero que sea pronto, ya que necesito otro traje y mi mamá me dice que necesito llevar dinero a la casa, que no me va a mantener toda la vida.
Tomás Espinosa
Todos los días trabajo. Todos me dicen señor y me regalan coca-colas, hasta diez en un día.
Me encargan asuntos para investigar. Me dicen “Toño, reporta a los malosos que encuentres en las oficinas de gobierno”. Y allí estoy, viendo la facha de los que entran a los edificios que cuido, y con mi celular reporto a mis jefes las personas que me parecen sospechosas.
Dicen que soy el agente estrella. Los compañeros me dieron una medalla por mi valor y aseguran que pronto me van a ascender, pero que para eso necesito entregar reportes más completos, descubrir una red de maleantes y tener dos o tres chivatones que me pasen información.
A veces subo en las camionetas con los agentes que van a una comisión. Ellos me dicen “Toño, quédate en la retaguardia y reporta si alguno de los sospechosos que vamos a detener sale corriendo y se da a la fuga”. Mientras espero, oigo por la radio los reportes de la central.
Tengo amigos de lo mejor, abogados y diputados. Cuando se juntan los diputados en su edificio voy a saludarlos. Sus guaruras ya me conocen. Un diputado me dijo que si quería llegar a ser diputado como él, tenía que entrar a su partido. Pero yo veo que se pelean los de un partido con otro y le dije que no quería ser diputado porque entonces no me van a querer los de los otros partidos. Les digo que quiero seguir siendo policía y luego llegar a ser detective, como esos que vi en una película.
A los abogados los veo todos los días; a todos los saludo, son mis amigos. Todos me quieren. En mi trabajo me siento a gusto, no como en mi barrio, donde los escuincles me molestan, me manchan el traje y me quitan mis cosas.
Algún día voy a ser jefe de grupo para que me den una camioneta y tener ayudantes. Entonces tendré mi casa propia, nada más que cuando pagan me dicen mis compañeros “Toño, fórmate en la fila, a lo mejor te llega tu sobre con todo el retroactivo”, y dicen que cuando me llegue tengo que invitarles una comida a todos. Yo les digo que no, porque necesito ese dinero para comprarme más equipo. Me formo y me dice el que paga “Toño, no te llegó tu sobre, tal vez la próxima quincena”. Pero nunca llega.
Ya fui a hablar con mis jefes. Me dicen que todavía no autorizan mi plaza, pero que va bien el trámite. Espero que sea pronto, ya que necesito otro traje y mi mamá me dice que necesito llevar dinero a la casa, que no me va a mantener toda la vida.
Tomás Espinosa
Libertad
Estoy aquí con la ropa limpia, con mucha comida, una buena cama, cobijas y agua calientita. Estoy aquí con mucha gente que camina y habla, que corre de un lado a otro de los cuartos. Pero allá, allá me gustaba más; me gustaba oír la música que tocan en los portales, ir de aquí para allá, vagar, cantar y llorar, verme en los espejos que hay en las tiendas del centro, de la calle Madero, ir al jardín y sentarme con otros como yo. Me gusta más, también, irme a lo oscurito y hacer cosas que me dan mucho gusto, como levantarme el vestido y, sin calzones, orinarme en el andador. Tal vez por eso me trajeron aquí. Por eso.
Pedro H. Morales Martínez
Pedro H. Morales Martínez
Terminal
Empezó como si un pequeño pez nadara en su interior. Había periodos de calma y de repente volvía esa sensación; duraba varios días y desaparecía. En las noches, el hombre sentía como pequeñas mordidas, y pasado algún tiempo parecía como si ese animal hubiera crecido tanto, que llegó un momento en que sintió como si tuviera una gran herida que pasara por su cuerpo. Pronto se acostumbró a este dolor, que ya lo sentía como algo común.
Una noche despertó sobresaltado sintiendo unas agujas que traspasaban su piel. La sensación era muy intensa. Estaba aterrado. No podía moverse ni gritar. Entonces, la luz que entraba por la ventana le dejó ver unas patas puntiagudas y llenas de pequeñas garras saliendo de su estómago. Eran las tenazas de un terrible cangrejo. Desgarrando la piel, salió el animal cubierto de sangre y recorrió su cuerpo hasta llegar al suelo.
Todavía lo vio correr por el patio y meterse a los tanques que distribuyen el agua a la ciudad.
Pedro H. Morales Martínez
Una noche despertó sobresaltado sintiendo unas agujas que traspasaban su piel. La sensación era muy intensa. Estaba aterrado. No podía moverse ni gritar. Entonces, la luz que entraba por la ventana le dejó ver unas patas puntiagudas y llenas de pequeñas garras saliendo de su estómago. Eran las tenazas de un terrible cangrejo. Desgarrando la piel, salió el animal cubierto de sangre y recorrió su cuerpo hasta llegar al suelo.
Todavía lo vio correr por el patio y meterse a los tanques que distribuyen el agua a la ciudad.
Pedro H. Morales Martínez
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